domingo, 19 de febrero de 2017

"Pero es un meme, tómalo de donde viene"

Esta semana, un muy querido amigo mío compartió esta imagen:


No solo no me reí nada (porque es una analogía sumamente absurda), sino que confirmó lo que yo ya sabía desde hace años: en este país, nosotros, el minúsculo porcentaje privilegiado que tiene acceso a educación superior, muchas veces nos regimos por el principio de yo estudié en esta universidad que es sumamente buena y, por lo tanto, soy mejor que tú. Y digo "nosotros" porque yo lo he hecho (es más, lo sigo haciendo sin darme cuenta) muchas veces, y porque personas cercanas a mi también. 
Esto es un ejemplo de cómo el pensamiento crítico que se supone que desarrollamos en dicha etapa académica y la cantidad de textos que leemos no son garantía de ser empáticos; que no necesariamente nos facilitan el trabajar con las demás personas desde la diferencia (que no es lo mismo juntar saberes y hacer algo en beneficio de una comunidad o para solucionar cualquier otro problema, a sentirse superior mientras trabajamos "en equipo") ni promueven siempre que identiquemos y cuestionemos las conductas propias que nos impiden generar un cambio mínimo.

Cuando vi ese meme, entré a ver los comentarios que pusieron otras personas. Había alguien del ITAM que decía que la frase itamita habitual para quienes no rinden con las exigencias académicas de su institución es: "En enero a la Ibero". En ese momento, me vinieron a la cabeza dos recuerdos:

1. Entrando a la carrera, mis amigos y yo estábamos, creo, buscando convencer unos a los otros que nuestra universidad era lo máximo y que era un orgullo pertenecer a _________. Había una batalla bastante marcada (y que parecía ganada, si eso es posible) entre los del ITAM y el pequeño porcentaje de nosotros, gente que se fue a la Ibero. La cantidad de comentarios despectivos hacia mi universidad (de la que me enamoré desde el momento en que la pisé por primera vez, a la cual amo y le agradezco lo que he aprendido incluso ahora que no soy alumna) eran demasiados; y cada uno me hacía enojar, me hacía sentir mal y me hacía dudar de mis capacidades académicas. Mi mejor amiga y yo tomábamos esos comentarios y chistes con la mayor calma posible, pero igual dejaban sus pequeños rasguños.

¿Y ahora resulta que, después de recibir esos comentarios agresivos y burlas (es bastante probable que estudiantes de la Ibero tengan amigos en el ITAM y hayan vivido algo así), vamos a pagar con esa misma moneda de falsa superioridad? Por supuesto, tantos años de bromas del ITAM sobre la Ibero de seguro les dan inmunidad a este tipo de chistes, pero aunque el daño sea nulo, me parece absurdo siquiera intentarlo.

2. El siguiente recuerdo que me vino a la cabeza fue el de cómo gente cercana a mi (familiares, amigos, maestros), a través de comentarios, de bromas, de "orgullo institucional", me hicieron sentir menos por haber decidido ingresar a una universidad privada en lugar de estudiar en la UNAM (ya saben, nuestra máxima casa de estudios, un verdadero orgullo nacional y un lugar cuyos diversos campus son increíbles).
Yo no hice el examen de la UNAM. No porque dudara de mis capacidades para pasarlo, sino porque a) En el momento en que pisé la Ibero me sentí como en casa; b) El plan de estudios de la Ibero para Psicología me gustó mucho (agradezco que me convenciera una optativa como Fundamentos de Psicología Jurídica y Forense que, por cierto, fue muy buena clase); y c) Ya había decidido estudiar en otro lugar y probar que yo podía pasar un examen me parecía innecesario. Dicho de otro modo, yo sabía los motivos por los que ingresaba a una institución de educación superior que, irónicamente, es inferior a muchas en los rankings y listas variadas; me encontraba tranquila al respecto. Y de todos modos me sentía estúpida; estas personas (sin darse cuenta) me hacían sentir poco digna de respeto por no hacer un examen que, todos sabemos, es un enorme reto para quien lo presenta; me hicieron dudar de una de las mejores decisiones que he tomado a mis cortos 23 años.

Y es por estas dos historias que rechazo el "chiste". Tsea, asumo que tanto la UNAM como el ITAM tienen un alumnado que, en general, sabe que está en grandes universidades (estas anécdotas lo demuestran) por lo que, como mencioné, de seguro tienen inmunidad a estas cosas. ¿Pero qué hay del resto? ¿Cuántos de nosotros no hemos hecho menos a quienes estudian en la Anáhuac? ¿Cuántos no hemos reído con chistes que se burlan de la UVM? Entiendo que sí, los niveles de exigencia y los requisitos académicos varían y que, por supuesto, sería necesario que todas las universidades y otras instituciones de educación superior tuvieran un mínimo necesario de calidad; ¿pero burlarnos los unos de los otros nos sirve para esto? ¿Hacer menos a otros nos sirve para que ellos, desde su comunidad estudiantil, exijan mejores cosas y cuestionen lo que pasa en sus universidades? Carajo, ¿tanto nos cuesta comprender la importancia de caminar juntos, en lugar de correr para ganarle al resto?

Yo me siento orgullosa de ser egresada de la Ibero, y me siento orgullosa de ser Licenciada en Psicología. Me siento orgullosa de tener familiares y amigos (y conocidos) brillantes y capacitados que están estudiando o estudiaron en las siguientes universidades (me remito solamente a la CDMX y a estudios de Licenciatura, pero la lista es muchísimo más larga): Ibero, UDLA, UNAM (CU y las FES), IPN, UVM, Anáhuac (Sur y Norte), La Salle, CENTRO, ITAM, UP, IMP, ITESM, UIC, ELD, institutos de educación superior del INBA, CIDE.

Es cierto, elegimos nuestras carreras y universidades con base en muchas cosas (egresados notables en nuestra área, plan de estudios, vida académica fuera del aula, ubicación, posibilidades de financiamiento, idearios y un largo etcétera), y también es cierto que muchas veces tenemos diferencias irreconciliables con las demás personas en estos y otros aspectos (yo los tengo y no dejaré de tenerlos). ¿Será posible que encontremos pequeños puntos en común? ¿Somos capaces de trabajar con, sin y a pesar de estas diferencias? ¿Podremos sumar esfuerzos para una meta en común sin que esto signifique que obliguemos a otras personas a pensar como nosotros? Estas preguntas, considero yo, son nuestra chamba diaria. Por eso, lo único que puedo decir es que hoy, más que nunca, es necesario que tiremos esos muros hechos de etiquetas y rankings. Estamos viviendo un momento extrañamente privilegiado: podemos sentirnos orgullosos de nuestros logros, de los de nuestra universidad, de los de otras universidades en el país, de lo que otras personas universitarias hacen alrededor del mundo y de lo que las personas sin educación superior hacen para que nuestro mundo mejore un poco entre tanto lodazal. 


He ahí las razones por las que este meme petardo no me da risa. Ah, y porque no está usando el humor como crítica, sino como agresión; porque, por el contexto, está fomentando discursos que nos dividen, en lugar de invitarnos a pensar (lo cual ha hecho conmigo, aunque fuera de manera involuntaria).