Hace unos buenos 363 días viví un fin de semana que cambió
mi vida de tantas maneras que es probable que todavía no las conozca todas. A
instancias de una amiga (que se rajó al final), me inscribí a una brigada de
salud, sin entender muy bien cómo funcionaba.
Por supuesto, a la hora de la hora, me encontré llena de
dudas y miedos: era la única estudiante de Psicología e iba a trabajar sin
supervisor; "¿Y si nadie viene conmigo porque todos se van a consulta
general y a Odonto?", “¿Qué tal si le friego la vida a alguien?”. Lo mío
era la investigación, no hablar con las personas.
No se me ocurrió que iba a disfrutar esos tres días de
semejante manera. Tampoco pensé que iba a aprender tanto, desde que "el
para lo para" hasta que la fe sí mueve montañas; que respirar también
tiene su chiste y que las acciones más extraordinarias vienen de personas
"comunes"; que el trabajo desde la diferencia merece existir; que el
único momento en que uno puede ser valiente es cuando tiene miedo; que debería
confiar en mí más seguido.
En la junta de capacitación, nadie me advirtió que iba a ser
adoptada de una manera tan bella y tan cálida por esa bola de raros de bata
blanca (en su mayoría) a los que quiero tanto. La verdad es que me alegra saber
que si me enfermo de alguna cosa horrible dentro de unos 10 años, tendré médicxs/odontólogxs/fisioterpeutas/nutriólogas
de cabecera.
Todo eso sin mencionar que acabé aceptando que chance,
chaaaaance sí me quiero dedicar a esa hermosa rama que es la clínica, a esos
procesos de los que quiero entender más que construyen la comunitaria, y a
todas esas cosas tan chidas.
Gracias, gracias, gracias infinitas por todo lo que he
vivido, CUS. Feliz [casi] aniversario de cuando nuestros caminos se cruzaron
:')
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